MIRADA IMPERTINENTE

 Columna de José da Cruz

 28 de Octubre 2005

 

MENTIRITAS

 

Se me ocurren varias razones para mentir, pero hay mentiras que podríamos llamar profesionales. Aquí entran aquellas generadas por expertos en inteligencia y contrainteligencia. Que se llamen “de inteligencia” resalta un rasgo sociológico típico de nuestra civilización: la “inteligencia” es la cualidad necesaria para jorobar a otro, sacarle ventaja, llegar primero, embaucar y dominar. La “inteligencia” está al servicio de un fin, y esto justifica los medios; parece ser que justifica especialmente los medios de comunicación.

Es tradicional escuchar que la primera víctima de la guerra es la verdad. Ahora bien, como vivimos en un sistema social de raíz jerárquica – ¡acepta órdenes, no protestes, no hables, viene el castigo y es violento!–, la verdad camina a paso de marcha hacia algún estante de museo. Estamos llenos de declaraciones, opiniones y comentarios sobre todo lo imaginable. Su objetivo parece ser marearnos a todos, dirigir el debate hacia determinado terreno. Muchas veces el objetivo es mentir lisa, llana y escandalosamente.

Recordemos, por citar lo obvio, las armas mortíferas, crueles y terribles con que contaba Irak, a Colin Powell –sin pudor alguno– agitando unos tubitos con polvo blanco en las Naciones Unidas, y a Anthony Blair declarando que según informaciones secretas era necesario ir a la guerra. Podríamos seguir amontonando ejemplos, pero voy a referirme a dos casos, ya casi olvidados, que Sören Wibe, parlamentario europeo, recordó en un reciente artículo de prensa.

Hubo una noticia muy comentada a mediados de la década de 1980. Según la misma, “un equipo de científicos” había descubierto minerales purificados en el fondo del mar y la cosa era ir y levantarlos. Pepitas de oro puro, plata, cobre y quién sabe cuánto más, a las que se dio el nombre de nódulos, esperaban por nosotros. Que la cosa iba en serio quedó refrendado con el anuncio de que Howard Hughes, el multimillonario de los USA, había construido en Seattle un navío especial para ese tipo de minería. Tanto de los yacimientos como del navío se publicaron dibujos y especificaciones en la prensa mundial pero después llegó el silencio –comenta Wibe–, el silencio más total. Por más que uno se esfuerce en recordarlo parece que nada más se ha dicho de los famosos nódulos.

La razón del silencio fue hecha pública a mediados de los años de 1990: los nódulos eran un invento de la CIA. Esto, que parece el argumento de una película de clase B, tenía como objetivo cubrir la apropiación de un submarino atómico soviético, hundido en el nórdico mar de Barents. El submarino descansaba a 6 000 metros de profundidad y claro está que para alzarlo se necesitaba un barco muy especial, un navío que no podía construirse en total silencio y secreto; mejor entonces hacerlo públicamente y desviar la atención adjudicándolo al desempeño de otra tarea. Hughes, reconocido “patriota”, no tuvo problema en colaborar. ¿Qué pasó con el submarino, se preguntarán ustedes? Bueno, lo pescaron pero se partió al medio en el ascenso. De todos modos la CIA logró pescar el libro de códigos de la flota soviética.

Otro ejemplo de Wibe es el de los “súper rayos”, millones de veces más fuertes que los rayos atmosféricos comunes. A comienzos de los años 90 fue observado un fenómeno de este tipo sobre el océano Índico. La prensa mundial diseminó entonces la opinión autorizada del “equipo de científicos” que había descubierto el fenómeno –¿sería el mismo equipo de los nódulos?–, y los periódicos y pantallas mostraron esquemas de las complejas condiciones meteorológicas en que se originaban tales súper rayos.

Años más tarde se supo que Israel y Sudáfrica habían probado una bomba atómica en el Índico y el relámpago producido por la explosión había sido imposible de ocultar a los satélites que nos circundan. Lo mejor fue explicarlo como un fenómeno climático estrafalario e inusual.

Después de leer el artículo de Wibe me quedan muchas preguntas. ¿De qué se hablará, en realidad, cuando se habla de los OVNI? ¿Qué habrá sucedido, en realidad, con el avión que se precipitó sobre el Pentágono cuando los atentados del 11 de setiembre y cuyos restos nunca aparecieron en ninguna foto? ¿Cuáles serán las pérdidas reales entre las víctimas del huracán Katrina? Una declaración de un líder mundial, ¿será eso en realidad o sólo parte de una campaña política, o de marketing, o de especulación financiera? ¿Los periodistas han renunciado definitivamente al sagrado derecho a cuestionar? ¿Será que está prohibido desconfiar de “ciertas fuentes” y especialmente hacerles preguntas? ¿Quién gana y quién pierde con todo esto? ¿Qué era aquello que llamaban democracia?.

 

  José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

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