MIRADA IMPERTINENTE

 Columna de José da Cruz

 21 de Mayo 2004

 

 PEQUEÑA CRÍTICA DE ARTES PLÁSTICAS

Es una pieza de gres de unos veinticinco centímetros de altura. Representa a un hombre sentado en un sillón, sin otro color que el del material, cremoso amarillento. Está modelado en forma hiperrealista. Un análisis de las proporciones muestra que el modelo es muy alto: un hombre de unos 30 o 35 años, el pelo cortado casi a cepillo, vestido con un blando suéter  y pantalones largos, amplios. Su actitud es neutral, distendida, como si mirara un programa de televisión. Los rasgos del rostro son serios, insinúan soberbia las comisuras hacia abajo, los ojos —vacíos— apuntan al horizonte. El sillón recuerda muebles de los años cincuenta, una neoantigüedad.

  Estoy en una tienda de regalos, un aquelarre de objetos caros e innecesarios, pero eso sí, brillantes. Miro y miro la figura de este muchacho, esta tanagra contemporánea, y no comprendo porqué me atrae y me repugna. Pienso que es la perfección buscada en la factura, tal vez esa actitud prescindente, de indiferencia ante lo que fuere. Siento que en realidad es tonto, neurótico, preocuparse por la actitud que un anónimo artesano impuso a este juguete. Alzo la estatuilla en la mano, imagino otra vez el modelo. Mediría cerca de dos metros: su peso sería unos ochenta y cinco quilos y los anchos hombros indicarían un gimnasta, producto de perfecta ingeniería genética. Recuerda al novio de la muñeca Barbie. ¿Qué es esto? ¿Quién sentiría placer estético ante éste objeto? ¿Quién ka tendría en su casa?

Repentinamente se abre ante mí la verdad como un abismo y sonrío horrorizado: es un yuppie. La estatuilla es un yuppie, representa un yuppie, es un saludo a los estereotipos de los medios de comunicación. La dejo como si quemara. Un yuppie. La imagen debe venderse muy bien. A los yuppies. Solamente ellos podrían tener en su casa esta tontería neutral, la imagen de un comemierda narcisista sin alma ni axila, un aristócrata de plástico, un mercenario de lo peor del sistema. Alzo otra vez el chirimbolo, controlo que nadie me vea y escupo en su interior, apuntando a la hueca cabeza. Después la vuelvo a instalar entre floreros, perros de procelana y los otros cachivaches de la tienda.  

José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

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