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ALABANZA DEL ESPACIO ESCASO
Cuando alguien
piensa si en realidad es así aquello que decimos que es así, puede suceder
que su conclusión, como describía Marx, bañe de nueva luz nuestra comprensión del
mundo. Mi ejemplo favorito de una de estas conclusiones reveladoras es una investigación
de los años sesenta del siglo pasado. Un geógrafo inglés, Cowan, se preguntó cuánta
superficie necesita realmente una persona para realizar las actividades más
comunes, es decir, cuánta superficie ocupa filosofar, hacer pan, bailar, vender
tornillos, jugar fútbol o producir.lechugas.
Cowan puso
manos a la obra y confeccionó un listado de procesos y a cada uno le adjudicó una
dimensión en metros cuadrados. Una vez procesados los datos concluyó que, si bien
algunas actividades exigían mucho espacio, la mayor parte de todas las actuaciones
humanas se realizan en unos quince metros cuadrados. Es decir, que una habitación menos
que mediana abre infinidad de posibilidades.
Esto nos lleva
de inmediato a una reflexión: si la superficie necesaria es tan poca ¿no habría que
repensar o reenfocar la planificación? A lo mejor no se necesita prioritar enormes y
costosos proyectos industriales o comerciales; a lo mejor la mayoría de los ciudadanos se
vería beneficiada por múltiples iniciativas con pocos requerimientos. Tal vez hubiera
que incluir en las ciudades construcciones multiuso, de fácil acceso y costo, para
fomentar este tipo de acciones. El reciclaje de fábricas abandonadas podría ser una
solución, siempre que albergase muchos locales mínimos y baratos. En las experiencias
realizadas, rara vez se apostó a miniespacios, pero en un mundo donde el trabajo
significa cada vez más el autoempleo, una inversión así no estaría tan mal.
Además, así
como Cowan razonó sobre las superficies, ¿qué pasaría si alguien hace cálculos
similares, pero sobre el capital? No sería de extrañar que llegásemos a conclusiones
parecidas. Sospecho que la grandísima mayoría de los emprendimientos pueden iniciarse
con muy poco capital; y si comparamos tales iniciativas con inversiones transnacionales,
con extremadamente poco capital. Con espacio y préstamos mínimos y baratos, disponibles
masivamente, profundizaríamos la democracia, moveríamos los engranajes económicos y
abriríamos una ventana hacia la utopía. Sería una utopía de quince metros cuadrados,
pero es más que suficiente.
José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).
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