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ACERCA DEL PODER
Un profesor de Oxford, John Plamenatz, dijo una frase memorable que vale la pena enmarcar y colgar en la pared: “Los pecados de los poderosos se revisten del prestigio del poder”. Su sencillez oculta un pensamiento profundo. ¿Por qué los países periféricos, que siguen las líneas de pensamiento de los países centrales, adoptan su modo de vida en un paquete completo, sin escoger lo conveniente y dejar lo demás de lado?
Podríamos adoptar los avances tecnológicos o institucionales, pero nada justifica que además cambiemos nuestros hábitos alimenticios, o la forma de relacionarnos en sociedad, o la forma de consumir. Sin embargo, es difícil ir en contra del poder y su capacidad de encandilamiento. El paquete viene cerrado y con un moño y es lo que se llama un peludo de regalo, si nos ponemos un poquito folklóricos.
El sociólogo Ali Mazrui comenta que este factor explica la universalización de la llamada “civilización occidental” con todos sus peores vicios: el alcoholismo crece en los países musulmanes cuando el Islam prohibe el alcohol, la comida chatarra gana nuevos consumidores entre las elites de China, el país que ha desarrollado la variedad de platos más amplia del mundo, los discípulos del pacifista Mahatma Gandhi fabrican armamento nuclear en India y Pakistán...
Fabricar poder cuesta tiempo y dinero. Como decía el comodoro Vanderbilt, gran empresario de ferrocarriles en USA en tiempos de los cowboys, para qué quiero la ley si tengo el poder. Eso, el poder de tener poder y la capacidad de encandilar elites locales, es un rasgo común a las inversiones extranjeras en nuestros países. Siempre vienen con “tecnología de última generación”, como si esa frase de propaganda de los fabricantes de computadoras significara algo muy concreto.
Siempre “aplicarán el mismo estándar que en sus países”, lo que reconoce que aplican dos o más estándares. Siempre son la imagen viva del progreso, pues si tienen poder son la avanzada, lo más que hay, la razón y la ciencia y la fe y…
Es el caso de las plantas de celulosa. Tienen tal capacidad de convicción que vienen a instalarse en nuestro país en régimen de zona franca sin pagar impuestos por cuarenta años, prometen diez mil empleos y les creen, construirán en tierras que nos han comprado a precio de regalo o que algún municipio graciosamente les concede, procesarán sus propios árboles de las decenas de miles de hectáreas que poseen en nuestro territorio, transportarán en sus camiones y embarcarán desde su puerto en sus barcos. Todavía, con los restos de lignina de la producción, producirán electricidad y se la venderán a UTE. El decreto que los autoriza está por salir… El negocio es redondo.
¿Qué nos dejan? En tres años, cuando acabe la construcción de instalaciones, miles de desocupados; durante cuarenta años la contaminación en el río; una pequeña elite con buenos empleos mientras no los automaticen. No son papeleras: el papel lo producirán en sus tierras, pues eso contamina mucho menos y deja más ganancia que la celulosa cruda.
¿Qué se llevan? Nuestra tierra y nuestra agua en forma de celulosa, nuestros impuestos pues están en zona franca, nuestro trabajo similar al de los europeos pero con sueldos “adaptados a la realidad”, nuestra plata pues les construiremos ferrocarriles, aeropuertos, carreteras, viviendas para empleados, el dragado del río...
No importa. El poder nos ciega a tal grado que lo único que se discute en este país es si el gobernador de Entre Ríos dijo sí o dijo no, dijo bla o dijo blabla, y no lo más importante: ¿qué Uruguay queremos? Las autoridades repiten en forma ya monótona que todo estará bajo control, que somos Uruguay Natural, que Finlandia es el Número Uno Ambiental en un ranking que nadie discute pues nadie conoce. Y siga el baile. Ya se habla de siete plantas de celulosa…
Los bandidajes de los poderosos tienen prestigio, los seguimos como unos bobos y nos hemos comprado el tranvía de la globalización. Para peor, muchos creen que ese es el camino a la felicidad.
José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).
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