INTEGRACION

 

UNA VICTORIA PIRRICA PARA EL ALCA

 

Arturo Valenzuela

  

  
A primera vista, la aprobación por parte de la Cámara de Representantes estadounidense de la legislación que otorga al presidente George W. Bush la autoridad de promoción comercial (TPA) representó un triunfo para la Casa Blanca y marcó un hito en los esfuerzos de la administración por mantener la agenda comercial del país en la dirección correcta. Sin embargo, el futuro de una mayor liberalización comercial aún constituye un interrogante y las perspectivas de una exitosa negociación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) para 2005 no han hecho progresos visibles.

La votación final sobre el TPA arrojó 215 votos a favor (194 republicanos y 21 demócratas) y 214 en contra (189 demócratas y 24 republicanos). Los dirigentes republicanos sabían de antemano que no contaban con la mayoría necesaria, pues no habían podido captar suficiente respaldo de demócratas para compensar la deserción de más de veinticuatro republicanos. Sin embargo, pensaron que el activo lobby del presidente en el Congreso ejercería suficiente presión como para obtener los votos necesarios.

Temiendo una posible derrota de la medida, la Casa Blanca y los líderes republicanos de la cámara recurrieron a una serie de incentivos para incrementar el respaldo: aseguraron al congresista Robert Schaffer, de Colorado, que la Casa Blanca había aprobado la asignación de 10 millones de dólares para la construcción de un edificio de gobierno en su distrito, y también hicieron promesas similares a la congresista Sue Kelly, de Nueva York.

Golpe a los países pobres

Las recompensas a los legisladores por su respaldo a una medida legislativa de la administración constituyen una práctica común no sólo en Estados Unidos sino también en otros países. Sin embargo, el aspecto preocupante en este caso de las concesiones de la administración Bush a los republicanos es que llegaron incluso a detener el progreso del libre comercio en sí mismo. En vez de intentar lograr una buena negociación con los demócratas, abordando con seriedad las cuestiones laborales y ambientales, la Casa Blanca optó primeramente por captar el respaldo de los republicanos e, irónicamente, hizo concesiones que causaron un retraso en el progreso del libre comercio.

Así, los líderes republicanos de la cámara recurrieron a los republicanos que se oponían a los acuerdos comerciales en los estados textiles de Carolina del Norte y del Sur.

Lamentablemente, estos congresistas no sólo votaron a favor impulsados por la lealtad a su partido o preocupados por la reputación política del presidente: exigieron un precio político sorpresivamente elevado con fuertes consecuencias negativas para la agenda comercial en las Américas. A fin de convencer al congresista DeMint de cambiar su voto, la dirigencia de la cámara prometió por escrito procurar el debilitamiento de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI).

La CBI fue uno de los logros más destacados del presidente Bill Clinton en el frente comercial. Sancionado en su último año de mandato, significó un esfuerzo considerable por parte de Estados Unidos para ayudar a las economías pobres del Caribe a superar el adverso impacto comercial del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), entre Estados Unidos, México y Canadá.

En las concesiones al congresista DeMint, los líderes republicanos se comprometieron a eliminar vitales preferencias de exportación textil en el CBI a fin de proteger los intereses textiles de Carolina del Sur. El retroceso de Bush en la cuestión textil también representa un fuerte golpe para los países andinos (Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia), que buscan renovar la Ley de Preferencia Comercial Andina.

Colombia, en especial, ha estado intentando defender más de 200.000 puestos de trabajo de la industria textil considerados como esenciales en el esfuerzo del gobierno por reactivar la economía y fortalecer su capacidad de lucha en las tres guerras contra las guerrillas, los paramilitares y los narcotraficantes. En noviembre, en la conferencia ministerial de Doha (Qatar) de la Organización Mundial del Comercio, el representante comercial estadounidense, Robert Zoellick, declaró a las naciones en vías de desarrollo que Estados Unidos está comprometido a considerar con celeridad la eliminación de las restricciones impuestas a las importaciones textiles: la postura de la administración en la cuestión textil ahora despierta dudas sobre esa promesa .

La administración Bush defendió sus acciones argumentando que la obtención de la TPA es más importante que mantener el compromiso estadounidense de flexibilizar las restricciones sobre importaciones textiles. Pero esa decisión es una mala noticia para países que enfrentan serias dificultades económicas y han confiado en la palabra de Estados Unidos, países que también prometieron su respaldo y solidaridad en la lucha de Estados Unidos contra el terrorismo. Las tácticas de la administración fueron duramente criticadas por los líderes demócratas que habían respaldado firmemente la CBI, un acuerdo comercial que, irónicamente, la administración Clinton había logrado obtener a pesar de no controlar ninguna cámara del Congreso ni gozar de la autoridad de promoción comercial. La vuelta atrás en la cuestión textil sólo dejó una nueva fisura entre demócratas y republicanos y puso en evidencia que la TPA puede resultar una victoria pírrica para la actual administración.

Pero la administración no sólo hizo concesiones en materia textil. También prometió a los republicanos de Florida, muchos de los cuales tienen fuertes vínculos con la industria cítrica del estado, que Estados Unidos se opondría a la reducción de aranceles en dicha industria en las negociaciones del ALCA

Barreras a la importación

Al mismo tiempo, la administración buscó un fallo de la Comisión de Comercio Internacional que le permitiera establecer considerables aranceles sobre importaciones de acero, que subirían entre el 5 y el 40 por ciento. Para obtener la TPA, la administración perdió sólo 6 votos de los 51 republicanos del "bloque del acero" de la Cámara de Representantes. Buscando establecer cupos sobre las importaciones de acero, la administración Bush recurrió al artículo 201 de Derecho Comercial, una disposición antidumping que facilita la demostración de perjuicios originados por importaciones. Las restricciones sobre el acero afectarán a algunos de los principales socios comerciales de los Estados Unidos, por ejemplo Canadá, México y Brasil.

Aunque la autoridad de promoción comercial le permite al presidente volver a presentar los acuerdos comerciales ante el Congreso para obtener su aprobación o desaprobación sin correr el riesgo de enmiendas impulsadas por el Congreso, no es probable que en un Congreso fuertemente dividido las medidas comerciales sean aprobadas sin suficiente consulta y negociación previa con los líderes de ambos partidos. El hecho de que, con el propósito de obtener la TPA en una cámara controlada por republicanos, la administración Bush haya alienado a muchos potenciales aliados demócratas y otorgado fuertes concesiones a los republicanos, lo que representa un paso atrás con respecto a acuerdos comerciales anteriores, no brinda buenos augurios para ningún acuerdo comercial concreto que sea presentado ante el Congreso en el futuro, más allá de la TPA.

Concretamente, no ofrece un panorama prometedor para la negociación del Área de Libre Comercio de las Américas, un acuerdo con respecto al cual los países de la región concentrarán toda su atención en observar si Estados Unidos reduce o elimina las medidas comerciales y no comerciales proteccionistas que perjudican industrias tales como las de productos textiles y agrícolas.

La lección que enseña la "victoria" por un voto del TPA es que la administración deberá trabajar arduamente en busca de un mayor consenso con los demócratas que respaldan el libre comercio y están dispuestos a apoyar acuerdos comerciales no sólo por sus implicancias para el comercio sino por sus amplias consideraciones en política exterior, como aquellas que impulsaron el CBI. Sólo cuando Estados Unidos sea consciente de que el ALCA es crucial para la prosperidad y la estabilidad política en las Américas, que son valores más importantes que la defensa de limitados intereses económicos regionales, la política comercial estadounidense logrará armonizar plenamente con los amplios intereses de la política de seguridad internacional del país.

 

Arturo Valenzuela es profesor en el Departamento de Gobierno de la Universidad de Georgetown. Fue subsecretario de Asuntos Interamericanos durante la administración de Bill Clinton. Publicado en La Nación, Buenos Aires, diciembre 2001.

 

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