ENTREVISTAS

 

Entrevista a Colette Lespinasse

MIGRANTES HAITIANAS
 

Laurent Duvillier

 

Las mujeres haitianas no escapan a la tendencia latinoamericana y cada vez son más las que dejan su país en busca de mejor vida, en particular se dirigen a República Dominicana. Cada vez más estas mujeres migran voluntariamente. Pero, los fondos que ellas envían a sus familias, ¿sirven para desarrollar al país más pobre de América? ¿Han cambiado los roles dentro de los hogares haitianos? Colette Lespinasse, Coordinadora de la ONG haitiana Groupe d’Appui aux Rapatriés et Réfugiés (GARR), (Grupo de Apoyo a Repatriados y Refugiados), examina la feminización actual de la migración haitiana.

Históricamente Haití ha sido una tierra de migraciones. ¿Cómo ha evolucionado el perfil de la persona migrante? ¿Hoy en día cuántos haitianos y haitianas viven y trabajan en el extranjero?

Se estima en más de 2 millones el número de haitianos y haitianas que viven por el momento en el extranjero. La mayor parte de la diáspora, de aproximadamente 1 millón de personas, se encuentra en los Estados Unidos. El segundo destino más importante es la República Dominicana donde se estima que hoy viven entre 700 y 800.000 haitianos. El resto de la diáspora está repartida entre Canadá, las Antillas, Francia y el resto del mundo.

Al principio eran principalmente campesinos quienes migraban hacia la República Dominicana. Durante los años 50 y principio de los 60, profesionales haitianos comenzaron a huir de la dictadura de Duvalier y se refugiaron en los Estados Unidos, Canadá y en los países francófonos de África. Este proceso de diversificación prosiguió a tal punto que ahora la migración alcanza todos los estratos de la población haitiana, tanto a la clase media como a la burguesía y a los barrios populares. Para la mayoría de la población haitiana, la migración se ha convertido en una forma de escapatoria para huir de la miseria, de las difíciles condiciones económicas, de la inseguridad y de la inestabilidad política.

A escala internacional, cada vez más mujeres salen de sus países solas, cuando anteriormente la generalidad era que acompañaban a un hombre. ¿Las migrantes haitianas se han convertido en mujeres más autónomas?

Absolutamente. Al principio, la migración de las mujeres hacia la República Dominicana, era para reunirse con su familia, ya que hace 20 ó 30 años eran los hombres los que migraban al país vecino para trabajar como picadores de caña de azúcar. A veces migraban mujeres pero la mayor parte acompañaba a un hombre.

Hoy en día, además de la reunificación familiar, observamos que cada vez más las migrantes haitianas entran directamente al mercado de trabajo dominicano sin estar acompañadas de los hombres ni en búsqueda de su compañero. Ellas trabajan actualmente en el sector agrícola, en la cosecha; en el sector doméstico en hogares dominicanos y sobre todo como comerciantes en la venta informal.

Al contrario de los hombres, se observa también que estas mujeres haitianas se esfuerzan por mantener su relación con la familia que permanece en Haití. A esto se le agrega el fenómeno de la familia monoparental en Haití. Más de un 50% de las familias en Haití tienen como jefa de hogar a una mujer, la cual debe satisfacer sola las necesidades de la familia. La carga social sobre sus hombros es muy pesada.

¿Cuáles son las necesidades específicas que expresan las migrantes haitianas en la República Dominicana?

Una de las dificultades específicas que ellas tienen es la declaración de sus hijos al nacer. En la República Dominicana, a las haitianas se les entrega un papel de color diferente al de las dominicanas para distinguirlas unas de las otras. En base al color de ese papel, ellas tienen más dificultades al declarar a sus hijos. Es una forma de discriminación que afecta de manera específica a las mujeres.

También en los mercados los policías dominicanos sobornan a las mujeres con más frecuencia que a los hombres. Si las vendedoras importan los productos que venden en la República Dominicana, ellas deben pagar sumas astronómicas cobradas a su mercancía.

De igual modo ellas tienen mucha más dificultad para salir de su zona de trabajo. Para la mayoría de los migrantes haitianos sin documentos, la libertad de circular es restringida. Pero para las mujeres es aún peor, según los testimonios recogidos en el marco de nuestra encuesta. Algunas mujeres repatriadas vivían en los «bateyes» (comunidades rurales cañeras), y ni siquiera sabían en que lugar de República Dominicana estaban. Son mujeres que se encuentran en otro país pero sin ningún contacto con la población de ese país.

¿De qué manera su ONG responde a través de los servicios que ofrece a esas necesidades específicas de las migrantes?

Por el momento, el servicio principal es la acogida, lo que implica documentar el caso, tener una idea del número de personas repatriadas y su edad, identificar los casos específicos que exigen atención particular, como por ejemplo las personas enfermas, los niños que no están acompañados o los dominicanos de origen haitiano que también son deportados.

En la zona de la frontera dominico-haitiana hay mucho tráfico y trata de personas. Las mujeres son las que corren mayor riesgo de ser violadas y abusadas, hasta por los hombres que las acompañan. Es por esto que insistimos junto a los comités de derechos humanos con los que trabajamos en la frontera y que reciben a los repatriados, que se le dé una atención especial a la situación de las mujeres y los niños. Además, cuando los niños son deportados, con más frecuencia se les deporta con la madre y no con el padre. Las mujeres llegan con las manos vacías y con hambre no sólo de ellas también el de sus hijos.

¿Esta evolución en la distribución de responsabilidades económicas entre mujer y hombre provocada por la migración refleja un cambio en la repartición de los roles domésticos dentro de los hogares haitianos?

No, ni las tareas dentro de los hogares ni la percepción de la sociedad han cambiado. Hasta la percepción de la mujer con relación a ella misma permanece igual. Una encuesta que realizamos en colaboración con una ONG de mujeres en la República Dominicana llamada "Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas" (MUDHA) muestra que las mujeres repatriadas cuyos esposos han migrado, siguen considerando a sus esposos como jefe de la familia a pesar de que se van por nueve meses y regresan solamente quince días. El vecindario también los considera como tal. Y cuando el esposo regresa después de una ausencia de un año, vuelve a ser automáticamente jefe de familia, aún cuando la mujer era la que velaba por todo durante su ausencia. Es toda la sociedad, todo el medio en el que vive que no ha cambiado, aún cuando la mujer asume muchas más responsabilidades.

Esta numerosa diáspora que trabaja en el extranjero envía dinero a la familia que permanece en Haití. ¿Esta transferencia permanente de fondos, mantiene a flote la economía de un país conocido como el país más pobre de América?

En efecto, la transferencia de esas sumas de dinero le permite sobrevivir a numerosas familias haitianas. En la actualidad, los fondos enviados por los migrantes constituyen para Haití la fuente principal de divisas. Esto ha aumentado considerablemente durante los últimos años, de manera que la suma global para el año 2004 oscila entre 800 millones y mil millones de dólares estadounidenses. Otro indicador de importancia del fenómeno en Haití es la proliferación de las agencias especializadas en transferir fondos internacionales, las cuales tratan de captar ese flujo de dinero.

Sin embargo, a pesar de que esos fondos sean utilizados esencialmente para la vivienda, la educación de los niños y la alimentación de las familias que reciben el dinero, no se siente el impacto en el desarrollo macroeconómico del país. No hay, en realidad, ninguna organización que proponga proyectos que puedan contribuir a un arranque económico de Haití a través de la utilización de esos fondos.

¿Se podría afirmar que esas transferencias de fondos, más allá de mejorar el bienestar de ciertos individuos, no representan un progreso sostenible en materia de desarrollo humano para el conjunto de la población haitiana?

Por supuesto, para algunas familias hay evidentemente una mejoría. Sin embargo, esto crea brechas en ciertas comunidades, entre las familias que tienen acceso a esos fondos y las que no lo tienen. Además, esto provoca cambios de actitudes y de regímenes alimentarios, sobre todo entre los jóvenes que tienen acceso a esos fondos.

¿En qué medida las ONGs haitianas en general toman en cuenta la perspectiva de género en su trabajo? ¿Cuáles dificultades enfrentan ellas en la promoción del empoderamiento de la mujer?

En teoría existe cierta sensibilización. Las ONGs dicen tener ese tema como preocupación pero tardan en reflejarlo de manera concreta en sus objetivos de trabajo y en su estructura organizativa con relación al personal que tienen contratado. Uno de los problemas es que la idea del género proviene a veces más del exterior, por una presión de las agencias financieras más que por una profunda convicción de la organización o del personal. Otra dificultad es que seguido falta el personal apropiado en muchas ONGs haitianas. Nos damos cuenta de que es necesario contar con instrumentos, personas capacitadas y sensibilizadas para realizar un análisis de género de manera correcta.

En este terreno una dificultad complementaria es lograr que se considere esto como política transversal que llegue a la población. Hay muchos obstáculos que superar. Hay que capacitar a la gente, sensibilizarla para que comprendan. Pero aunque comprendan existen un montón de mecanismos a deshacer. Por ejemplo, sobre la sencilla cuestión de la participación de la mujer en los seminarios y talleres... con mucha frecuencia la mujer haitiana debe amamantar u ocuparse de los niños.

Hay muchos elementos que le impiden de manera objetiva a la mujer sacar tiempo para participar en otras actividades, sin tomar en cuenta el miedo al marido y a la familia. Hay que lograr una completa reconstrucción social. Una repartición de las tareas que realizar. La mujer debe realmente liberarse de todas esas obligaciones para poder participar. Por consiguiente hay que realizar un tremendo trabajo dentro de las ONGs pero también con la población en general. Y esto no es un asunto sencillo.

En las elecciones de Haití, dentro de los treinta de candidatos a la presidencia, sólo hubo una candidata. ¿Es esto el reflejo de la débil participación de las haitianas en la vida política de su país?

Esto depende del nivel donde uno se sitúe. En lo relativo a la participación de electoras, las últimas elecciones demostraron que hay una clara mejoría. En cambio, efectivamente sólo hay una mujer entre los 37 candidatos a la presidencia. Creo que es sintomático de la realidad haitiana donde el espacio de decisión en general y el espacio político en particular, están controlados por los hombres. En el seno del gobierno, aún cuando existe un Ministerio para la Condición Femenina y para los Derechos de la Mujer, no se aprecia que esto se refleje realmente en las decisiones que se toman.

Pero en lo que concierne a las elecciones municipales y legislativas, existe sin embargo un esfuerzo por parte de las mujeres candidatas a reagruparse en redes, cualquiera que sea el partido político al que pertenezcan, con el objetivo de formarse, apoyarse mutuamente y también buscar recursos para llevar a cabo la campaña electoral. Es una nueva iniciativa que ha aportado una nota positiva durante la campaña.

¿Cómo ve Ud. la organización de estas elecciones, las que se pospusieron dos veces? ¿Será esto un paso positivo hacia el mejoramiento de la población haitiana y en particular de las mujeres?

Los resultados de estas elecciones pueden contribuir a sacarnos de la inestabilidad política en la que nos encontramos, pero también nos pueden hundir en más turbulencia política. Estas son unas elecciones capitales. Lo que está en juego es extremadamente importante. Hasta ahora, hay mucha gente que dice estar lista para ir a votar, pero permanece escéptica con relación a la organización de las elecciones. Existe mucha incertidumbre tanto en el plan logístico y organizativo como en el plan de la seguridad.

Si se logra controlar estos dos parámetros, si se organiza todo bien, si los roles de cada persona se respetan y si la gente siente que existe un clima seguro, pienso que muchos haitianos y haitianas irán a votar. En caso contrario, nos arriesgamos a tener una gran abstención.   

Publicado en Revisa Instraw, enero de 2006. http://www.un-instraw.org/revista.
Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

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