Colombia: La vida cotidiana en mitad de la guerra

MargaritaFlorezEntrevista a Margarita Flórez por Nicolás Minetti – Colombia sufre desde hace por lo menos medio siglo por una guerra interna interminable a lo que se le suma el ser el principal productor de cocaína del mundo. La vida individual vale poco y millones de personas se acostumbran a convivir con la muerte y la miseria extrema desde que nacen. La guerra y el narcotráfico han provocado que una gran parte de la población rural tuviera que huir hacia las ciudades en busca de seguridad, pasando a vivir en condiciones infrahumanas en el proceso conocido como “desplazamiento interno”. Margarita Flórez afronta estos dramas cotidianamente. Flórez es una abogada colombiana que trabaja en el ILSA, un instituto dedicado a las alternativas sobre el derecho, y además es miembro de la Comisión Latinoamericana en Globalización y Ciudadanía que promueve D3E. Aprovechando su presencia en la reunión de esa comisión durante el Foro Social de las Américas (Quito) realizamos la siguiente entrevista.

– La situación de violencia en Colombia ¿cómo afecta tu trabajo?  

Creo que afecta el trabajo y la vida de todos los colombianos. La violencia está instalada en mi país de forma permanente desde que nací. Desde la década de los cincuenta ya había violencia, y eso tiene explicaciones racionales y no racionales. Racionales porque Colombia es uno de los diez países con mayor exclusión social del mundo, e irracionales, porque creo que la forma de militarización completa que está tomando, en el sentido de formar realmente ejércitos con muchísimo poder económico y militar, me parece que ya excede un poco la concepción de guerrilla, o de grupo transitorio. Creo que un grupo que dure 50 años, no es ya un grupo transitorio, tiene otras características y más aún con la envergadura de su armamento y de sus acciones.

El narcotráfico ha jugado allí un papel muy relevante en el sentido de que actualmente se dice que ambos grupos ilegales armados tienen grandes entradas de dinero por la custodia del negocio de la droga que hay en los territorios que controlan. El llamado “impuesto de guerra sobre el gramaje” en el caso de la guerrilla de las FARC y en el otro caso hay indicaciones de estar directamente involucrados en el narcotráfico (las Autodefensas Unidas de Colombia, los grupos paramilitares).

– ¿Pueden ser derrotados militarmente las FARC y las otras?

Yo no creo que nadie lo quiera. Hay una cosa muy rara, como de que nadie la quiere resolver. Hay una importante presión al gobierno para contenerlas, vamos a ver cuanto dura.

– ¿En tu vida diaria cómo te afecta todo esto? ¿No puedes ir a ciertos lugares?

Hay una restricción en la locomoción de todos los colombianos y las colombianas. Hay territorios donde hay que ir con muchísima cautela. Hay horarios, no puedes transitar de noche. Hay ciertos códigos que tienes que seguir si quieres estar en A o B, todo el mundo los tiene que seguir. Esencialmente tienes que tener gente trabajando en la zona que tenga más o menos una cotidianeidad, más o menos ya arreglada con los grupos que están allí para poder entrar.

– ¿En Bogotá también se sienten esas restricciones?

No, en Bogotá no, Bogotá es un oasis, aunque allí se reflejan todos los dramas que hay en la guerra. Por ejemplo, en el enfrentamiento armado se ha hablado de territorios que han quedado aislados en mi país, en los últimos años han habido millones de enfrentamientos armados. O sea no es un fenómeno que se explica solamente por la cuestión económica, que también lo hay, es un fenómeno digamos de exclusión. Pero fundamentalmente está el problema de la gente en las calles en Bogotá, que viene desde la década del cincuenta, cuando empezaron a llegar escapando de la primera ola de violencia.

– ¿Cómo ha afectado el desarrollo económico a la situación de violencia?

– Probablemente hubo mucho éxodo de capital, pero no es el paraíso de las inversiones. Desde principios de los noventa, cuando entraron las empresas petroleras, lo hicieron aún a riesgo de las presiones de los grupos de la guerrilla, de métodos de violencia. También los bancos y las empresas de energía.

– ¿Arreglan con quienes controlan el territorio? ¿Pagan este impuesto de guerra?

No sé, pero creo que en el caso de las petroleras debe es posible que así sea, pero no podría asegurar eso. Pero lo que yo se es que operan, haya o no violencia en el país.

– El Plan Colombia: ¿Cómo evalúas su aplicación y su impacto?

Yo estaría muy preocupada si fuera a Uruguay por el Plan Colombia, y te voy a decir por qué. En el año 1986 empecé a viajar por la región en virtud de mi trabajo. Solamente en el aeropuerto de Bogotá había personal antidroga, y recién comenzaba eso. Y en el resto de los aeropuertos de los estados de América Latina no había nada de eso. Hoy en día puedo certificar la presencia de personal -no se si estadounidense, o de la policía de cada país-, pero hay personal antidrogas, hay perros antidrogas en todas partes. La droga ya juega un papel en la política regional muy importante en tanto es una justificación de una presencia militar permanente. Hoy en día creo es evidente que la existencia del narcotráfico justifica la presencia militar estadounidense.

De modo que creo que el Plan Colombia es un plan que empieza en Colombia, que se llama Colombia, pero que tiene implicaciones en otros países como por ejemplo Ecuador, Perú y Bolivia, y ahora también avanza sobre la triple frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil. La droga es un problema, yo la condeno, la droga en mi país ha producido muertos, ha producido un apartheid terrible nuestro en el exterior, una justificación de la violencia, etc. La droga es lo peor que nos pudo pasar, pero creo que la represión contra la droga es justificada como arma de control.

– Con respecto a la exclusión social en Colombia, hace tiempo se hablaba de los sicarios de 12 años a los que les ordenaban matar a alguien por medio dólar y vivían hasta los 15 años cuando que otro sicario los mataba. ¿Eso sigue existiendo?

Sí claro, eso sigue existiendo, tal vez no con la misma presencia que tuvo al principio de los noventa, pero siguen existiendo sicarios. Hay una constante en la historia colombiana que son las bandas, no las bandas urbanas, sino las bandas rurales. Entonces en cada proceso de reconciliación nacional siempre quedaban bandas y quedaban armas. Estos niños, estos hijos y nietos de las décadas de los 50 y de los 60, y de los 70, criados en las barriadas más miserables de Medellín, claro tuvieron esa escuela, y allí es donde aparecen el “narco”, que da la posibilidad de una realización en 10 o 12 años de tener cosas inimaginables para la clase media colombiana, carros, bueno carros, motos, joyas, toda esa parafernalia que ellos veían como su imaginario de ascenso.

– En este contexto, ¿cómo se moviliza la ciudadanía? ¿en qué trabajan los grupos de base?

Los grupos de base y las ONG trabajan en muchísimos temas, trabajan en temas de agroecología, trabajan en temas de cuidados de cuencas, las comunidades indígenas han hecho grandes planes de manejo de sus territorios, lo mismo las comunidades negras. Se trata de seguir la vida, hasta cierto punto desarrollando sus expectativas, sus ideales, aún en medio de esta guerra, y eso quisiera yo que lo destacaran, Colombia no es solamente guerra, en Colombia hay gente, hombres y mujeres que trabajamos por vivir mejor y por aportar a la sociedad. Que no estamos involucrados directamente con la guerra, aunque no podemos salir de ella.


La versión completa de la entrevista está disponible gratis en formato PDF en el librillo “Voces desde la ciudadanía, miradas sobre la globalización” – Descargar …

N. Minetti integra el equipo de D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina) y es además editor de la revista Factor S.